Para mí, fue ayer…. aunque han pasado más de 60 años que
llegamos a ese querido pueblo.
Siempre llevaré a Monleras en mi corazón, porque fueron unos
años de mi juventud, aunque fueran a intermitencias, que mantengo vivos en el recuerdo y me
parece que fue ayer.
Muchos de los que iré nombrando, por desgracia, ya no se
encuentran entre nosotros, hace mucho o poco tiempo, pero vaya desde aquí un
recuerdo para ellos.
Yo, como mis 2 hermanos
más pequeños , nacimos en Ledesma
y por motivos profesionales del padre (guardia civil) aterrizamos en Monleras el año 1.950, 3 meses
antes de hacer la Primera Comunión. Un
año más tarde ( casi sin tiempo para recibir
las “reprimendas” de D. Valentín y Dª.
Lucinda) unos tios me llevaron para Barcelona, con la disculpa de que me
operaran de “anginas” y allí me quedé, donde estudie el Bachillerato y al terminar
regresé a Monleras.
Durante los años de estancia en Barcelona, venía en los veranos al finalizar las clases en el Instituto Jaime
Balmes de la Ciudad Condal, 2 meses los pasaba en Monleras y el resto en el
pueblo de mis abuelos y de mis padres en San Marcial (Zamora). Esos dos meses aproximadamente que pasaba en
el pueblo, después del agobio de todo un año en una gran ciudad, eran como una liberación, sin prisas para nada. Hoy me iba con Braulio a atender el ganado y
a recoger las ovejas en el “prao” de la calle de El Monte, otra tarde con Lorenzo a recoger el caballo en
El Salinar y luego al atardecer a ayudarle
con la “mirada” a amasar la
harina y calentar el horno, para luego
por la noche hacer el pan. Otrora quedaba con Fermín, en la Farmacia, donde
escuchábamos música o nos íbamos al Pocito con las raquetas del tenis (que por
aquel entonces empezaba la “fiebre” en España) a correr detrás de la pelota
porque no cogía ni una. Otra nos
íbamos a pescar al puente caído de
Roelos. Vamos, que estaba ocupado todos los días.
Eso sí, los Domingos eran sagrados y ahí me tenía D. Avelino
de monaguillo perpetuo de verano. 10 céntimos de peseta misa ordinaria los
Domingos y si era de Minerva, cantada
(que eso ya eran palabras mayores) 25 céntimos de peseta. Y ya puestos a “abusar”, y a hacer horas extras, me hacía ir los
Domingos a las 5 de la mañana, a la Misa de los que tenían que ir al campo a
sus labores. Pero todo lo hacía con
enorme ilusión.
Cuando regresé al pueblo después de terminar el Bachiller,
pasé 2 años de continuo, preparando Oposiciones por correspondencia para
Auxiliar de Correos. Los Jueves subía a Ledesma a practicar y familiarizarme
con los documentos en la Administración de Correos y los ratos libres, que eran
muchos, ahora con unos y después con otros, todo lo que fuera salir al campo lo
agradecía y en los otoño-invierno por la
tarde buscar donde sonara alguna esquila de las ovejas para ir a hacer lumbre juntando
zarceras y escobas y charlar, con la
zagala correspondiente.
Durante estos 2 años hubo tiempo para preparar una Comedia
en las escuelas, dirigidos por don Juan el maestro. Su título, “ El Tio Miserias” de Carlos
Arniches. La representación se hizo en el salón de Belarmino, con lleno hasta “la bandera”. Por cierto,
en internet, en Monleras
Actualidad, en el espacio de Fotos, hay
una foto colgada hace 2 años por
Moisés el de la señora Jerónima, que la
tenía, ya que una hermana suya, creo recordar que se llama Edelmira. Nos la hizo Pepín unos días después del estreno, en una cena que
celebramos. En esa foto, están de los que recuerdo el nombre, Conchita, su
hermano Julián, Braulio, Edelmira, Josefa y su hermano del Sr. Aquilino, Angela
y su hermano ¿Porfirio?, Tere (perdona
por el apodo, “La Viñas” ) yo y otros de
los que no recuerdo el nombre. Fue tal el éxito cosechado, modestia aparte, gustó tanto la obra, que nos
pidieron hacer una representación en Ledesma, pero creo que “nos rajamos” y no
fuimos.
Hace unos meses le
envié a Tere una foto que guardaba de 1960, en la fiesta de la Ermita de
Villaseco, junto a Braulio, Isidro, Remi (de Almendra) y yo, para su
publicación.
Las frías noches del invierno, después de estar con Lorenzo
amasando, como tenía que dejar en “reposo” la masa durante unas horas, nos
acercábamos a casa de su tío Julián y la señora Magdalena, calentitos al
brasero en la camilla, a jugar al tute o al chinchón, con Braulio, Vicente,
Lorenzo, Ramón y Benito, si se
encontraba en el pueblo, porque el mayor tiempo lo pasaba en Madrid con su
carrera, acompañados de una jarra del buen vino que tenía el señor Julián
que lo traía de Fermoselle y unos
“chochos”, y mientras, Conchita y Tomasa le daban al “ganchillo” , Tere también
estaba en Madrid ¡¡¡Que veladas!!!. Y para rematar la noche, después de cenar,
“a pardales”, a las escoberas, que todos los corrales tenían la suya y por
fuera en la calle, con la linterna en ristre, (pobrecitos, los cogíamos
dormidos) a llenar el fardel y días después en casa de Belarmino a comerlos.
Recuerdo por las noches, acercarme al “hueco de la plaza” a escuchar a
los mozos que eran los que más sabían… de todo.
Aprendí a tocar las campanas, de la mano de “maestros “
en manejar el badajo. Uno de ellos
Lorenzo el del Sr. José Manuel el
panadero y otro que no recuerdo el nombre, pero que venía en los veranos y en
vacaciones y que vivía cerca del comercio de los hijos del Sr. Eloy, puede ser ¿Gildo?. Ése a las campanas las hacía
hablar. La verdad es que había muy
buenos repicadores. Y si era víspera de Minerva a repicar “las chicas”.
Recuerdo los ratos pasados junto a Noemi, que siempre que
venía de vacaciones me enseñaba su colección de sellos.
Tuve tiempo de preparar unos versos dedicados a cada uno de los Quintos de ese año, 1.959, indicando en ellos su procedencia
familiar, y que leyó Benito en la Plaza
desde un caballo antes de correr los gallos. Diré algunos que recuerdo, Benito,
José Ramón, Fidel, Jesús (hermano de Lorenzo), José del Sr. Victoriano en las 3
Cruces, Abel, Gregorio /(del cartero) y algunos más.
Después de preparar las Oposiciones, 2 meses antes de los
exámenes, me fui a Madrid para ir a la Academia con la que había realizado la
preparación por correspondencia y el 14 de mayo de 1960 me examinaba, aprobando
y quedando en expectativa de destino y pedí plaza para Barcelona. Ingresé 8
meses más tarde como Auxiliar en el Giro Postal, pero ya estos meses de espera los pasé en la Ciudad Condal.
Estando en Correos, como los viajes en Avión de AVIACO, hasta Madrid y en tren Correo, los teníamos
gratis, recuerdo que vine al pueblo con 3 días, ( uno para venir, otro para la
boda y el siguiente para irme ) a la boda de Domi y Chon, la hermana de Nieves.
Y por el mismo conducto a celebrar 2 años más tarde los Quintos del 64, que
éramos, Laurentino (del Sr. Antonio el capataz de los camineros), Julián de la
casilla de camineros entre Monleras y Villaseco, el malogrado Isidro ( del
cartero) y yo.
Recuerdo como
“anécdota”, algo que me ocurrió al regresar de Barcelona con 16 años.
Llevaba en el pueblo unos 2 meses y se presentó en casa en el cuartel, don
Santiago ( médico), para indicarme que había unos Cursillos de Cristiandad en
Salamanca un mes más tarde, en un
Convento en el Alto del Rollo y que iban a asistir él, don Avelino y Manuel Calderón
(secretario), que si quería asistir yo…,
-pues vale-. Y allá que nos fuimos los 4 en el coche de don Santiago,
creo, que era el único coche que había
en el pueblo, un citroen “escarabajo”. Llegamos a la puerta del Convento ya anocheciendo y nos
estaba esperando un sacerdote, don José Luis, a la puerta. Y le oigo que le dice a don
Santiago, - ¿y este crio a donde va?- no
puede entrar. Y le contesta, y qué hacemos con él para llevarlo a Monleras,
además, si tiene 17 años y viene de Barcelona, donde
ha estado 8 años, y está a la vuelta de
todo, no hay problema, bueno, bueno, que pase. Puedo asegurar, que yo me apunté, pero iba con miedo, ya que
en el mes que pasó desde que me invitó al día que nos fuimos, yo oía
comentarios, de gentes de pueblos
cercanos, que habían ido a los Cursillos otros años, y que volvían, digamos un
poco “trastornados”. – Que la gente los encontraba por los campos a sus
labores, y los veían, aquí y allá, de
rodillas y con los brazos en cruz rezando, entre otras cosas. Y es que los 4 días que duraba el “encierro”, no se
hacía otra cosa, que rezar, rezar y rezar, acompañando a coloquios y lectura de
la Biblia, recitar “pensamientos” en voz
alta, en grupos y realizar muchas promesas. . Ahora eso sí, era duro, pero
llegaba la hora de la comida, preparada por las monjitas, y ¡qué manos para cocinar!.. Te hacían más
llevadera la estancia.
Creo que estoy siendo muy pesado, pero seguiría escribiendo
y contando todo lo bien que me lo pasé ahí. Ahora por Internet cuando veo los videos que
se realizan sobre Monleras, y todos los Actos que se programan, disfruto
muchísimo. Y no dejo de presumir con los amigos y compañeros aquí en Salamanca,
cuando se habla de Monleras, diciendo con orgullo, ¡¡En ese pueblo viví yo!!
Manuel Prieto de la Fuente

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