En nuestra infancia los juegos eran muy de niños y de niñas,
nunca jugábamos juntos. También dependían los juegos de la estación del año en
la que estuviéramos, pues en invierno, como las calles no estaban asfaltadas, había
barro y algunos juegos no era posible hacerlos.
Un juego muy socorrido que podíamos hacer tanto en invierno como
en verano era los juegos mudos. El
procedimiento era hacer dos bandos, no recuerdo el sistema de elegir quién empezaba.
El bando al que le tocaba elegía una profesión u oficio y con mímica y gestos tenía
que representarlo y el bando contrario tenía que acertarlo y en ese caso se
cambiaban los papeles. Parece un juego simple pero siempre había profesiones u
oficios rebuscados y nos podíamos tirar ratos y ratos sin poder acertarlo. Incluso había veces que teníamos que dejar el juego para otro día.
Otro juego de invierno y al que jugábamos los domingos,
porque en los recreos no daba tiempo, era el juego de guardias y ladrones. Este consistía en hacer dos grupos: unos eran
los guardias y otros los ladrones. Los ladrones tenían que esconderse y los
guardias tenían que encontrarlos. Los refugios de los ladrones siempre eran pajares
y sitios muy escondidos. Teníamos límites del pueblo para escondernos pues de
no ser así no hubiera sido posible encontrarnos nunca. Así y todo había muchos
domingos que llegaba el toque de oración, que era la hora de recogernos y
volver a casa, y no habíamos terminado de jugar así que continuábamos el
domingo siguiente.
Cuando llegaba la primavera y el buen tiempo nuestros juegos
eran distintos. Jugábamos al corro, a la pelota, al castro, saltábamos a la
comba, … Como éramos muchas niñas nos juntábamos en grupos y según la edad
elegíamos nuestro juego.
Cuando jugábamos al corro
siempre cantábamos y ahí sí que participábamos muchas niñas. Había uno que
siempre lo hacíamos para despedida. En el centro del corro siempre se ponía una
niña que cantaba y el resto le contestábamos.
La canción era la siguiente:
-Amigas buenas tardes, me voy a retirar (cantaba la niña del
centro)
-Espérate un poquito que vamos a jugar (contestan las niñas del
corro)
-Por hoy no me es posible (cantaba la niña del centro)
-Pues qué tienes que hacer (contestan las niñas del corro)
-Lo que mi buena madre al punto disponer (cantaba la niña del centro)
Me ha dicho que esta tarde sin falta que a la seis
Y yo a mi buena madre al punto obedecer
Adiós amigas mías adiós, adiós, adiós (la niña del centro se despedía y se iba)
Otra canción del corro que cantábamos mucho era la
siguiente:
(Empezaba cantando la niña del centro y decía su nombre)
Fulanita me llamo, soy hija de un labrador
Aunque voy y vengo al campo, no le tengo miedo al sol
Este corro es un jardín y las niñas son las rosas
Y yo como jardinera me escojo a la más hermosa
(La niña del
centro escogía a una niña del corro y éstas le contestaban.)
Muchas gracias jardinera por el gusto que has tenido
tantas
niñas en el corro y a mí sola me has cogido.
(Y la niña escogida entraba en el centro
del corro.)
Otro muy divertido era el de la gallinita ciega. A la niña del centro se le tapaban los ojos, y
tenia que coger a alguna de las niñas que formábamos el corro y adivinar quién era. Si lo
conseguía ésta pasaba a ser la gallinita ciega. Como el corro se movía, si la que estaba en el centro no era
muy avispada no era fácil cogerla.
Tere del Arco