jueves, 29 de enero de 2015

AÑORANZA

Hace tiempo quería escribir sobre mis recuerdos en Monleras.
Recuerdos que de forma asidua vienen a mi memoria. Creo que cuando se acerca el ocaso de una vida hay que desenterrar la memoria, rescatarla del olvido, para que despierte letargos y silencios y nos lleve a la convicción de lo felices que fuimos en otros tiempos.

Después de muchos años todavía mantengo lazos entrañables con este precioso pueblo. Los monlerenses, gente de " bien hacer" conformaron mi carácter de niña con una transmisión de valores, que he tratado de practicar y también de transmitir a otros.

Llegué a Monleras con apenas diez años, y al día de hoy, las vivencias de entonces acuden generosas y como en un álbum a todo color, se cuelan en mi presente.

Al principio la adaptación no fue fácil. Llegaba yo de un lugar lleno de colorido y luz, dónde las costumbres y los talantes diferían mucho de lo que había en el pueblo. Si bien, en aquel proceso de adaptación, crecí personalmente y adquirí herramientas que me sirvieron mucho en el devenir de la vida.
A los niños de mi edad les chocaba mi forma de hablar y de vestir; no entendían que me gustase tanto bailar o tocar mis castañuelas y hasta arrancarme por La Piquer. Siempre estaba alegre y contenta.
Un día "actué" en el único teatro que entonces había. Mi madre me puso mi bonito traje de gitana, mis collares y peinetas, mi mantón de Manila y mis zapatitos rojos con lunares. ¡Yo estaba encantada!. Aunque pequeña, temía la reacción de los asistentes. Me aplaudieron mucho y me sentí muy feliz. Yo creo que aplaudieron mi desenfado y mi inocencia al subirme a aquel escenario. Con el tiempo llegué a la conclusión de que ese día, marcó un punto de inflexión en mis relaciones con los otros.
Mis padres me ayudaron mucho en mi proceso de adaptación. Mi padre por dialogante, generoso y cercano. Mi madre, recia castellana dónde las hubiera, me preparaba y aleccionaba sobre las costumbres del pueblo para que yo encontrase mi sitio.
Era, cuanto menos sorprendente, ver a mi madre bailar en nuestro patio cordobés, lleno de macetas y cantarme las canciones de su Salamanca.
Años después, en la fiesta de 'La Pilarica' la vi bailar en Monleras a golpe de gaita y tamboril y me pareció más charra que nunca, y también me pareció que había espantado la nostalgia que sentía por su tierra. Muchas situaciones y personas, vienen a mis recuerdos.

Mis escapadas a la hora de la siesta
En una de esas tardes, muy calurosa por cierto, me apropié de la bici con barra de mi hermano (otro tanto hizo mi compañera de aventura, Tere la de Amando) y ¡Hala, a Villaseco a coger moras! Caí en una cuneta, las zarzas me acribillaron, las rodillas me sangraban y hasta las ortigas me saludaron efusivas. Había que volver y me asustaba más la azotaina de mi madre que mi cuerpo dolorido. Por fortuna, mi padre estaba en casa e hizo como siempre de contrapunto, zanjando la cuestión a mi favor.

Sus puestas de sol junto a la iglesia
Allí he sido testigo de imágenes de cuento de hadas, con atardeceres imposibles de olvidar. Las nubes ya de recogida, pasaban de elaborados cirros y montañitas de algodón, con cara de querubines, a otras más oscuras que caían a los lados del espléndido campanario de su bella iglesia. A él se agarraban, mimosas, deshilachadas y hasta perezosas, pues no querían abandonar tanta belleza.
Actualmente, este entorno rehecho, luce espectacular con un magnífico anfiteatro y otras bien cuidadas estructuras; con el valor añadido de ser fruto de los hijos del pueblo que con su trabajo y generosidad lo hicieron posible. Pero los monlerenses, no disfrutan solos este espacio, sino que lo comparten y muestran orgullosos a todos los que por allí quieran acercarse a un lugar con historia.

La solemnidad del jueves de Corpus
Cada año lo esperábamos llenos de ilusión. Recuerdo la iglesia bien iluminada y engalanada para la ocasión. Lucíamos las mejores ropas.
La procesión discurría con solemnidad por las calles, llenas de flores que olían a rosas, incienso y confraternidad.


La espiga de una boda
Me encantaba asistir a este evento. Recuerdo la mesa larga e improvisada, en medio del campo, en la era. En ella se depositaban los regalos de los contrayentes. Todavía oigo al pregonero: ¡Una manta del señor Mengano! ¡Dos sartenes del señor Citano! y así hasta concluir la lista de regalos, tan alejadas de las actuales listas de bodas que en alguna ocasión comprometen al invitado. Yo me agazapaba,
(con mi cuerpo menudo de niña condenada al repugnante aceite de hígado de bacalao), divertida, posicionándome muy cerquita de la mesa para no perder detalle. Y mientras......tejía una historia: los regalos entablaban una acalorada conversación disputándose su primacía. Ganaron las sartenes que se impusieron a sartenazo limpio. Luego, ¡el baile!. Aquello si que era divertido. Los lucidos zapatos de los bailarines (adultos, niños, diestros o no pero con mucha entrega) por momentos, se iban cubriendo de inmensas polvaredas que avanzaban sin piedad, piernas arriba. En este punto y por mi tendencia a las analogías, el espectáculo se me antojo un lejano oeste, de vaqueros polvorientos, pero sin caballos.

Monleras y sus fuentes
De piedras bien ensambladas, en una elegante bóveda, cuya base rectangular se asentaba firmemente. En ella, motas grisáceas, de distinta intensidad, chisporroteaban con la luz solar. Por su parte frontal y descubierta estaban los escalones. A mí me parecían vigilantes que impedían otras desgracias. Los primeros peldaños se veían muy bien, los cubría poco el agua. Después la profundidad de ésta se hacia notar e impedía ver los siguientes con la nitidez de los primeros. Su estructura era impecable. A estas preciosas y antiquísimas fuentes iba de vez en cuando con Rosario (que fue y sigue siendo un miembro más de mi familia y que nos ayudaba en casa), y mi cantarilla de barro y tapón de grueso corcho, imitando a las mujeres que veía.
Permanecía embobada, ante aquella cueva de piedra tan en armonía y me asomaba siempre que me lo permitían para gritar eso de ¡Eco....Eco! que tanto me gustaba hacer. En otras ocasiones, disfrutaba de otras fuentes, cuyo émbolo de hierro me tenia fascinada.
Siempre me pareció asombroso que aquel artilugio, aquel brazo tan original en sus movimientos acompasados, pudiesen hacer brotar de las entrañas de la tierra, agua fresca y cristalina como nunca había visto.

Recuerdo también, la herrada para sacar agua y también recuerdo las diestras manos de quienes la manejaban. Atada al extremo de una resistente soga, tenían que hacerla caer hasta tocar el agua, de forma que la línea de flotación, fuese la apropiada para llenarla. No era nada fácil, la herrada se resistía adoptando posiciones nada adecuadas; pero ahí estaban las acertadas maniobras de las mujeres, que con movimientos de vaivén conseguían colocarla correctamente. Después de llenar la herrada, izaban la soga y el reluciente cubo, reposaba en el brocal para luego llenar los cántaros que disciplinados aguardaban un riguroso turno. Mientras, las mujeres hablaban en animada tertulia y se ponían al día de las últimas novedades. A la vuelta, nos deteníamos en los regatos, por entonces muy abundantes y si era la época cogíamos la deliciosa maruja, que había que limpiar muy bien antes de hacer la ensalada. Me encantaba arrancar el musgo que crecía entre las peñas. Un musgo, que era una mullida alfombra de un verde intenso, y que adornó los mejores nacimientos que tuve por Navidad.
A medida que aparecen los recuerdos, más me afianzo en la idea de que fui una afortunada porque tuve una infancia feliz, creativa y plena; rica, además en elementos de la naturaleza, muy presentes en mis juegos y otras actividades.
Por estos parajes, saboree otro tipo de atardeceres también muy bellos. Como si se tratara de la mejor paleta, un sol reventón se perdía en el horizonte de las copas de las encinas en un espectáculo de pura magia y seducción.
 ¡Magnífico marco para sentir palomitas en el estomago!

La trilla
El sol implacable de Castilla, bañaba la era que acunaba parvas bien organizadas. En ellas, yuntas obedientes, se movían a las órdenes del amo, a paso lento pero eficaz. El trillo, se deslizaba sobre la mies con una cierta cadencia. El labrador, se erguía sobre el trillo, con “su pica” y su sombrero. No portaba yelmo, ni montaba Rocinante, pero en su majestuosidad, se adivinaba que era buen conocedor del oficio.
La boyá
Miedo, casi pavor, sentía al ver tantas reses juntas. Cuándo al atardecer regresaban al pueblo, corría a refugiarme en mi casa. Hasta que escuchaba la lejanía de los cencerros, y los bramidos me indicaban que ya estaban encerrados en sus correspondientes tenadas, yo no volvía a la calle. Protegida detrás de mi ventana, verles avanzar en tropel, ya era otra cosa...

Muchas personas y momentos vienen a mi memoria. Citaré algunas

Tere, mi querida Tere, parte de mi familia, cómo nosotros de la suya. Una persona inteligente, integra y muy fiel en los afectos.
Demetrio, su padre, hombre cercano, excelente conversador y de exquisitos modales.

Braulio, el bueno de Braulio, con su sempiterna sonrisa, que nos despachaba el bacalao en Cuaresma, sobre un grandísimo mostrador de madera. En él nos envolvía los productos en papel de estraza casi de forma artesanal.

La casa de Áurea, que era también, un poco mi tía, donde íbamos a buscar la leche, casi siempre al toque de oración.

Germán, excelente persona y magnifico artesano que nos dejó muy pronto. De él conservé muchos años como un tesoro, el lavadero y la tajuela que me hizo de juguete. Me gustaba "ser mayor" e imitar a las mujeres que lavaban. ¡Dura faena la de entonces!. La mayoría de las veces, estas valientes mujeres, antes de hacer la colada tenían que romper el carámbano, con sus manos muy castigadas por el frío

El bar de Belarmino
Allí Paca nos ponía un platito de chochos y una gaseosa mientras los mayores tomaban “un chato”.

Las tardes en casa de Candida
Tardes muy placenteras, en las que las pacientes Matea y Camila, me enseñaron el arte de hacer bolillos, que aun practico. Su taller improvisado, se encontraba bajo el parral espléndido, que a modo de techo, cubría el impoluto patio. Tampoco nos faltaban los pájaros con sus alborotados trinos, que se mezclaban con el repiqueteo de los bolillos en una bonita sinfonía.

La panadería junto a mi casa
Hasta que mis padres me lo explicaron, yo creía que aportando aquella tablilla, la tarja, en la que hacían una muesca, me llevaba a casa un pan sin pagar nada.

Trini, el zapatero
Tan afable entre sus peculiares montones de zapatos, albarcas y botas muy deterioradas. Su rústica mesa de trabajo era un batiburrillo de cordones, leznas, suelas, puntas etc que dispuestas a reparar el calzado tan maltrecho.

Otro muchos monlerienses me dejaron huella
Anselmo y Teresa, siempre cariñosos, siempre serviciales y de amena conversación.
Juan y Juliana excelentes personas y también excelentes maestros que formaron en sus aulas excelentes alumnos, magníficamente preparados para la vida.

Amando, Teresa y sus hijos, cuya relación con mi familia, siempre fue muy estrecha.


Olegario, Cesárea y Olegarín, personas buenas donde las hubiera y muy leales. Al citar a Olegarín, una ternura me invade, recordando a un niño buenísimo e ingenuo, que siempre celebraba las bromas de mi padre y reía con sus chistes.

Bernardita y Conchita que desprendían bondad y dulzura por dónde iban. Desgraciadamente también nos dejaron muy pronto. Injusticias de la vida.


He dejado para el final, por la profunda emoción que me produce, la estampa de tres muchachos, inteligentes, nobles, seductores y muy amantes de la vida. Cándido, Ramón y Pedro, mi hermano. !Tres espadas! a los que a veces había que imponerles un poquito de cordura. De esto se ocupaba mi querido amigo Benito que lo hacia de maravilla.

Comprensible es, lo agradecida que estoy a cuántas personas me rodearon entonces. También quedo agradecida, porque este sencillo recorrido por aquel tramo de mi vida, ha hecho renacer en mí la esperanza de que vendrán tiempos mejores para todos.
Imposible nombrar aquí a todos los monlerenses que para bien estuvieron en mi entorno y a los que no he olvidado.

Al final ha merecido la pena rescatar la memoria del olvido y sentir que aquellos lazos de mi infancia y adolescencia en Monleras, me envuelven de nuevo.

Tina

jueves, 22 de mayo de 2014

RECORDANDO EL AYER

Para mí, fue ayer…. aunque han pasado más de 60 años que llegamos a  ese querido pueblo.
Siempre llevaré a Monleras en mi corazón, porque fueron unos años de mi juventud, aunque fueran a intermitencias,   que mantengo vivos en el recuerdo y me parece que fue ayer.

Muchos de los que iré nombrando, por desgracia, ya no se encuentran entre nosotros, hace mucho o poco tiempo, pero vaya desde aquí un recuerdo para ellos.

Yo, como mis 2 hermanos  más pequeños ,  nacimos en Ledesma y por motivos profesionales del padre (guardia civil)  aterrizamos en Monleras el año 1.950, 3 meses antes de hacer la Primera Comunión.  Un año más tarde  ( casi sin tiempo para recibir las “reprimendas” de  D. Valentín y Dª. Lucinda) unos tios me llevaron para Barcelona, con la disculpa de que me operaran de “anginas” y allí me quedé,  donde estudie el Bachillerato y al terminar regresé a Monleras. 

Durante los años de estancia en Barcelona,  venía en los veranos  al finalizar las clases en el Instituto Jaime Balmes de la Ciudad Condal, 2 meses los pasaba en Monleras y el resto en el pueblo de mis abuelos y de mis padres en San Marcial (Zamora).  Esos dos meses aproximadamente que pasaba en el pueblo, después del agobio   de todo un año en  una gran ciudad, eran como una liberación,  sin prisas para nada.  Hoy me iba con Braulio a atender el ganado y a recoger las ovejas en el “prao” de la calle de El Monte,  otra tarde con Lorenzo a recoger el caballo en El Salinar y luego al atardecer a ayudarle  con la “mirada”  a amasar la harina y calentar el horno,  para luego por la noche hacer el pan. Otrora quedaba con Fermín, en la Farmacia, donde escuchábamos música o nos íbamos al Pocito con las raquetas del tenis (que por aquel entonces empezaba la “fiebre” en España) a correr detrás de la pelota porque no cogía ni una.  Otra nos íbamos  a pescar al puente caído de Roelos. Vamos,  que estaba  ocupado todos  los días.

Eso sí, los Domingos eran sagrados y ahí me tenía D. Avelino de monaguillo perpetuo de verano. 10 céntimos de peseta misa ordinaria los Domingos  y si era de Minerva, cantada (que eso ya eran palabras mayores) 25 céntimos de peseta.  Y ya puestos a “abusar”,  y a hacer horas extras, me hacía ir los Domingos a las 5 de la mañana, a la Misa de los que tenían que ir al campo a sus labores. Pero todo lo hacía con  enorme ilusión.

Cuando regresé al pueblo después de terminar el Bachiller, pasé 2 años de continuo, preparando Oposiciones por correspondencia para Auxiliar de Correos. Los Jueves subía a Ledesma a practicar y familiarizarme con los documentos en la Administración de Correos y los ratos libres, que eran muchos, ahora con unos y después con otros, todo lo que fuera salir al campo lo agradecía y en los otoño-invierno  por la tarde buscar donde sonara alguna esquila de las ovejas para ir a hacer lumbre juntando  zarceras y escobas y charlar, con la zagala correspondiente.

Durante estos 2 años hubo tiempo para preparar una Comedia en las escuelas, dirigidos por don Juan el maestro.  Su título, “ El Tio Miserias” de Carlos Arniches. La representación se hizo en el salón de Belarmino,  con lleno hasta “la bandera”. Por cierto, en  internet,  en Monleras  Actualidad, en el espacio de Fotos, hay  una foto  colgada hace 2 años por Moisés el de la señora  Jerónima, que la tenía,  ya que una hermana  suya,  creo recordar que se llama Edelmira.  Nos la hizo Pepín  unos días después del estreno, en una cena que celebramos. En esa foto, están de los que recuerdo el nombre, Conchita, su hermano Julián, Braulio, Edelmira, Josefa y su hermano del Sr. Aquilino, Angela y  su hermano ¿Porfirio?, Tere (perdona por el apodo, “La Viñas” ) yo y  otros de los que no recuerdo el nombre. Fue tal el  éxito cosechado,  modestia aparte, gustó tanto la obra, que nos pidieron hacer una representación en Ledesma, pero creo que “nos rajamos” y no fuimos.

Hace unos meses le envié a Tere una foto que guardaba de 1960, en la fiesta de la Ermita de Villaseco, junto a Braulio, Isidro, Remi (de Almendra) y yo, para su publicación.

Las frías noches del invierno, después de estar con Lorenzo amasando, como tenía que dejar en “reposo” la masa durante unas horas, nos acercábamos a casa de su tío Julián y la señora Magdalena, calentitos al brasero en la camilla, a jugar al tute o al chinchón, con Braulio, Vicente, Lorenzo, Ramón y Benito,  si se encontraba en el pueblo, porque el mayor tiempo lo pasaba en Madrid con su carrera, acompañados de una jarra del buen vino que tenía el señor Julián que  lo traía de Fermoselle y unos “chochos”, y mientras, Conchita y Tomasa le daban al “ganchillo” , Tere también estaba en Madrid ¡¡¡Que veladas!!!. Y para rematar la noche, después de cenar, “a pardales”, a las escoberas, que todos los corrales tenían la suya y por fuera en la calle, con la linterna en ristre, (pobrecitos, los cogíamos dormidos) a llenar el fardel y días después en casa de Belarmino  a comerlos.

Recuerdo por las noches,  acercarme al “hueco de la plaza” a escuchar a los mozos que eran los que más sabían… de todo.

Aprendí a tocar las campanas, de la mano de “maestros “ en  manejar el badajo. Uno de ellos Lorenzo el del Sr. José  Manuel el panadero y otro que no recuerdo el nombre, pero que venía en los veranos y en vacaciones y que vivía cerca del comercio de los hijos del Sr. Eloy,  puede ser ¿Gildo?. Ése a las campanas las hacía hablar.  La verdad es que había muy buenos repicadores. Y si era víspera de Minerva a repicar “las chicas”.

Recuerdo los ratos pasados junto a Noemi, que siempre que venía de vacaciones me enseñaba su colección de sellos.

Tuve tiempo de preparar unos versos dedicados  a cada uno de los Quintos de ese año,  1.959, indicando en ellos su procedencia familiar,  y que leyó Benito en la Plaza desde un caballo antes de correr los gallos. Diré algunos que recuerdo, Benito, José Ramón, Fidel, Jesús (hermano de Lorenzo), José del Sr. Victoriano en las 3 Cruces, Abel, Gregorio /(del cartero) y algunos más.

Después de preparar las Oposiciones, 2 meses antes de los exámenes, me fui a Madrid para ir a la Academia con la que había realizado la preparación por correspondencia y el 14 de mayo de 1960 me examinaba, aprobando y quedando en expectativa de destino y pedí plaza para Barcelona. Ingresé 8 meses más tarde como Auxiliar en el Giro Postal,  pero ya estos meses de espera  los pasé en la Ciudad Condal.

Estando en Correos, como los viajes en Avión de AVIACO,  hasta Madrid y en tren Correo, los teníamos gratis, recuerdo que vine al pueblo con 3 días, ( uno para venir, otro para la boda y el siguiente para irme ) a la boda de Domi y Chon, la hermana de Nieves. Y por el mismo conducto a celebrar 2 años más tarde los Quintos del 64, que éramos, Laurentino (del Sr. Antonio el capataz de los camineros), Julián de la casilla de camineros entre Monleras y Villaseco, el malogrado Isidro ( del cartero) y yo.

Recuerdo como  “anécdota”, algo que me ocurrió al regresar de Barcelona con 16 años. Llevaba en el pueblo unos 2 meses y se presentó en casa en el cuartel, don Santiago ( médico), para indicarme que había unos Cursillos de Cristiandad en Salamanca  un mes más tarde, en un Convento en el Alto del Rollo y que iban a asistir  él, don Avelino y Manuel Calderón (secretario), que si quería asistir yo…,  -pues vale-. Y allá que nos fuimos los 4 en el coche de don Santiago, creo,  que era el único coche que había en el pueblo, un citroen “escarabajo”. Llegamos a la puerta del Convento ya anocheciendo y nos estaba esperando un sacerdote, don José Luis,   a la puerta. Y le oigo que le dice a don Santiago, - ¿y este crio a donde va?-  no puede entrar. Y le contesta, y qué hacemos con él para llevarlo a Monleras, además,   si tiene 17 años y viene de Barcelona, donde ha estado 8 años, y está a la  vuelta de todo,  no  hay  problema,  bueno, bueno, que pase. Puedo asegurar, que yo me apunté, pero iba con miedo, ya que en el mes que pasó desde que me invitó al día que nos fuimos, yo oía comentarios, de gentes de  pueblos cercanos, que habían ido a los Cursillos otros años, y que volvían, digamos un poco “trastornados”. – Que la gente los encontraba por los campos a sus labores, y los veían, aquí y allá,  de rodillas y con los brazos en cruz rezando, entre otras cosas. Y es  que los 4 días que duraba el “encierro”, no se hacía otra cosa, que rezar, rezar y rezar, acompañando a coloquios y lectura de la  Biblia, recitar “pensamientos” en voz alta, en grupos y realizar muchas promesas. . Ahora eso sí, era duro, pero llegaba la hora de la comida, preparada por las monjitas, y ¡qué  manos para cocinar!.. Te hacían más llevadera  la estancia.

Creo que estoy siendo muy pesado, pero seguiría escribiendo y contando todo lo bien que me lo pasé ahí.  Ahora por Internet cuando veo los videos que se realizan sobre Monleras, y todos los Actos que se programan, disfruto muchísimo. Y no dejo de presumir con los amigos y compañeros aquí en Salamanca, cuando se habla de Monleras, diciendo con orgullo, ¡¡En ese pueblo viví yo!!


Esta foto está sacada en la Fiesta de la Ermita de Villaseco de los Reyes el 8 de Septiembre de 1960.
Ahí estamos, con 18 años, Isidro (el del cartero), que eramos quintos,  Remi (del Molinero de Almendra), Braulio, con 1 año menos, y yo. ¡¡¡Que tiempos¡¡¡¡


Manuel Prieto de la Fuente

RECUERDOS DE JUVENTUD

Voy a contar las vivencias de un grupo de adolescentes y primeros jóvenes de los años 1960 a1965 en Monleras. Entre ellos me encontraba yo. Éramos un grupo de chicas y chicos. Nuestra vida en esta época era más o menos como la voy a contar. Por las mañanas hacíamos lo que nuestros padres nos mandaban, unos estudiar, otros tareas diversas según las necesidades de cada casa. Pero las tardes las teníamos libres. Los chicos nos juntábamos  en la plaza y allí decidíamos que hacer: unas veces ir a dar la lata a alguna chica, otras ayudar a algún compañero que tuviera alguna tarea de su casa pendiente de hacer, otras en hacer alguna trastada que la edad lo requería, no digo cuales pues eran muchas y variadas. Los fines de semana, santos, o cumpleaños de alguno del grupo, fuera chica o chico, lo celebrábamos haciendo los famosos guateques que estaban de moda en esta época. Después de una variada clase de bailes con canciones del Dúo Dinámico y Renato Carrusone entre otros,   terminábamos con el baile de la escoba que mas adelante relataré por su curiosidad. Todos estos guateques los hacíamos  en casa de Don Paco que en aquellos años era el farmacéutico del pueblo y que aportaba al grupo dos hijas y un hijo, que desde aquí en nombre de todos le agradecemos la paciencia que tubo con nosotros. Citaré también a otro joven Benito Gallego que sin él no hubiera sido posible hacer dichos guateques. El viajó por varios países de Europa y de por ahí trajo discos y tocadiscos para nuestra diversión y además era el pinchadiscos, cosa que desde aquí quiero agradecer. Ya paso a comentar como se hacia el baile de la escoba: consistía en que quedara uno del grupo sin pareja, por lo cual tenía que bailar con la escoba hasta que el pinchadiscos paraba la música. En ese momento y a toda prisa había que cambiar de pareja, y como siempre sobraba uno, entonces tenia que coger la escoba y meter en el bote una o dos monedas de diez céntimos como castigo y así hasta que nos parecía terminar el baile. Las monedas que había en el bote y alguna más que le agregábamos, las empleábamos en comprar altramuces (o chochos, como por esta zona los llamamos), y mientras los comíamos hacíamos la tertulia con las risas correspondientes por el cambio de pareja y así saber quien se había quedado más veces con la escoba.

Y puestos a contar contaré algo de mí aparte de lo contado anteriormente. Yo en estos años siempre quise ser torero, empezando por ser maletilla, toreando en varias plazas de fincas y en la plaza de toros de Alcañices (Zamora) donde tuve una cornada de diez centímetros en el muslo izquierdo de pronóstico reservado, con el consiguiente corte de coleta. A partir de aquí me dedique de lleno a los negocios hasta mi jubilación, Los demás del grupo cada uno cogió su rumbo de vida siendo ya imposible juntarnos para recordar aquellas vivencias de juventud.

Braulio practicando el arte del toreo
   
Por lo tanto desde aquí un recuerdo para todos los que formábamos aquel grupo que tan buenos recuerdos nos dejó 


    Un saludo para todos de vuestro mejor amigo

Braulio del Arco

martes, 22 de octubre de 2013

VISITA DE LA VIRGEN DE FÁTIMA A MONLERAS

El día 18 de octubre de 1948, la virgen de Fátima vino en procesión hasta Monleras, donde fue recibida por las niñas de la escuela y demás habitantes del pueblo. Así relataba una de aquellas niñas esa visita de la Virgen en una redacción de la escuela:

"El día 19 de Octubre de 1948 por la tarde fuimos a esperar a la Virgen de Fátima con los estandartes a la raya de Villaseco, cuando llegó la Virgen la señora maestra leyó la bienvenida y el señor párroco dijo unas palabras para saludar a la virgen de Fátima. Vinimos cantando el Ave María de Fátima y otros cánticos. En el pueblo tenían hechos dos arcos muy bonitos.

Cuando llegamos a la iglesia la pusieron en unas andas que tenían preparadas. Por la noche hubo rosario, exposición al Santísimo, novena y Hora Santa.

A las 6 de la mañana hubo rosario de la aurora por las calles del pueblo y las jóvenes llevaban la  imagen por las casas de los enfermos del pueblo. Hubo tres misas: en la primera comulgaron las personas mayores, en la segunda los niños y niñas, a continuación fuimos a dar la comunión a los enfermos. 

A la misa mayor fuimos con los vestidos y lazos blancos, predicó un padre en misa. Al terminar la misa unas niñas dijeron unas poesías. En el rosario cantamos el Ave de Fátima, hubo exposición del Santísimo y novena, y consagración al Inmaculado Corazón de Maria.

A continuación la fuimos a llevar hasta la raya de Sardón"
Tere del Arco
Procesión en honor a la Virgen de Fátima
Y esta que aparece a continuación es el Ave María de Fátima 

Ave Maria de Fátima

El trece de mayo en Coba de Iría
Desciende amorosa la virgen María
Ave, ave, ave María
Ave, ave, ave María
A tres pastorcitos la madre de Dios
Le anuncia el misterio de su concepción
Ave, ave, ave María
Ave, ave, ave María 
Muchos se condenan decía llorando
Rezad pequeñitos el santo rosario
Ave, ave, ave María
Ave, ave ave María
Rezad por el papa, rezad por la iglesia
Por los pecadores haced  penitencia
Ave, ave, ave María
Ave, ave, ave María

Estampita conmemorativa de la visita de la Virgen de Fátima 

martes, 14 de mayo de 2013

JUEGOS INFANTILES DE NUESTRA NIÑEZ


En nuestra infancia los juegos eran muy de niños y de niñas, nunca jugábamos juntos. También dependían los juegos de la estación del año en la que estuviéramos, pues en invierno, como las calles no estaban asfaltadas, había barro y algunos juegos no era posible hacerlos.

Un juego muy socorrido que podíamos hacer tanto en invierno como en verano era los juegos mudos. El procedimiento era hacer dos bandos, no recuerdo el sistema de elegir quién empezaba. El bando al que le tocaba elegía una profesión u oficio y con mímica y gestos tenía que representarlo y el bando contrario tenía que acertarlo y en ese caso se cambiaban los papeles. Parece un juego simple pero siempre había profesiones u oficios rebuscados y nos podíamos tirar ratos y ratos sin poder acertarlo.  Incluso había veces que  teníamos que dejar el juego para otro día.

Otro juego de invierno y al que jugábamos los domingos, porque en los recreos no daba tiempo, era el juego de guardias y ladrones. Este consistía en hacer dos grupos: unos eran los guardias y otros los ladrones. Los ladrones tenían que esconderse y los guardias tenían que encontrarlos. Los refugios de los ladrones siempre eran pajares y sitios muy escondidos. Teníamos límites del pueblo para escondernos pues de no ser así no hubiera sido posible encontrarnos nunca. Así y todo había muchos domingos que llegaba el toque de oración, que era la hora de recogernos y volver a casa, y no habíamos terminado de jugar así que continuábamos el domingo siguiente.

Cuando llegaba la primavera y el buen tiempo nuestros juegos eran distintos. Jugábamos al corro, a la pelota, al castro, saltábamos a la comba, … Como éramos muchas niñas nos juntábamos en grupos y según la edad elegíamos nuestro juego.

Cuando jugábamos  al corro siempre cantábamos y ahí sí que participábamos muchas niñas. Había uno que siempre lo hacíamos para despedida. En el centro del corro siempre se ponía una niña que cantaba y el resto le contestábamos.

La canción era la siguiente:

-Amigas buenas tardes, me voy a retirar (cantaba la niña del centro)

-Espérate un poquito que vamos a jugar (contestan las niñas del corro) 

-Por hoy no me es posible (cantaba la niña del centro)

-Pues qué tienes que hacer (contestan las niñas del corro)

-Lo que mi buena madre al punto disponer  (cantaba la niña del centro)        
Me ha dicho que esta tarde sin falta que a la seis 
Y yo a mi buena madre al punto obedecer
Adiós amigas mías adiós, adiós, adiós (la niña del centro se despedía y se iba)

Otra canción del corro que cantábamos mucho era la siguiente:

(Empezaba cantando la niña del centro y decía su nombre)

Fulanita me llamo, soy hija de un labrador
Aunque voy y vengo al campo, no le tengo miedo al sol
Este corro es un jardín y las niñas son las rosas
Y yo como jardinera me escojo a la más hermosa 

(La niña del centro escogía a una niña del corro y éstas le contestaban.)

Muchas gracias jardinera por el gusto que has tenido
tantas niñas en el corro y a mí sola me has cogido. 

(Y la niña escogida entraba en el centro del corro.)

Otro muy divertido era el de la gallinita ciega. A la niña del centro se le tapaban los ojos, y tenia que coger a alguna de las niñas que formábamos el corro y adivinar quién era. Si lo conseguía ésta pasaba a ser la gallinita ciega. Como el corro se movía, si la que estaba en el centro no era muy avispada no era fácil cogerla. 
Tere del Arco

jueves, 4 de abril de 2013

RECUERDOS DE MI INFANCIA


Aunque yo no lo recuerdo, nací una tarde del mes de julio, en este pueblo de Monleras, en la calle Travesía del Pozo.  La casa aún se conserva casi en las mismas condiciones. Ahora pertenece a Manolo Gildo. Siempre  que paso por allí, me acuerdo. Nací entre dos luces, aunque luz eléctrica en aquellos tiempos no había. Las comadronas engañaron a mi padre diciéndole que había nacido varón y lo hicieron ir a comprar una botella de anís y unas pastas para celebrarlo. Me imagino la desilusión que se llevaría al saber la verdad, pues mi padre quería que fuera niño, pues mi hermanita mayor era niña. De buena gana me hubiera gustado ver la cara que puso mi padre al saber la verdad. Después, aun nacieron cuatro hermanos más, y uno de ellos fue varón.

Patro
Germán
 Mi niñez fue muy parecida a la de los demás niños del pueblo pues correteábamos por el pueblo e íbamos al colegio.  ¡Qué tiempos tan felices!

Germán y Patro con los cuatro hijos mayores: Eliecer, Rosa, Tina y Toño
Mi padre tenía un taller de carpintería. Nos criamos entre virutas y tablones. Yo le ayudaba en todo: limpiaba el taller, metíamos aros, hacíamos cañizas que entonces eran todas de madera, pintábamos, íbamos a caer árboles, que los cortábamos con un serrón, para hacer las mazas de los carros. Al cumplir los l3 años, nos quedamos sin madre. Nosotras llevábamos la casa, aunque teníamos una tía, hermana de mi padre, que siempre nos ayudaba. Pero era una rezongona y cuando la veíamos llegar, nos poníamos a hacer algo. La llamábamos el “SARGENTO” y entre los vecinos se quedó con el  “SARGEN” Otro día os hablaré de ella, pues era una persona que ayudaba a todo el pueblo.

Mi juventud la pasé en Salamanca y en Barcelona. Luego me casé con un mozo del pueblo y tuvimos seis hijos a los que todos conocéis. El pequeño, Fran, lleva el “Bar Romero” y por su simpatía atrae a la juventud del pueblo. Y ya no sé que más contar, pues que yo ya me he hecho mayor y ahora estoy aprendiendo a usar el ordenador. Ya entramos en Internet y nos lo pasamos pipa. Tengo una hermana en el pueblo y todos los días nos visitamos.

Rosa Marcos

MI EXPERIENCIA COMO EMIGRANTE EN SUIZA


LOS GOBIERNOS DE LOS PAÍSES EUROPEOS ANTE LA LLEGADA DE LOS EXTRANJEROS ESTABLECIERON UNA SERIE DE NORMAS Y LEYES DE EXTRANJEROS

Las leyes varían según los países pero en lo esencial coinciden todas están destinadas a evitar los asentamientos estables, y facilitar a las autoridades cuando no sean necesarios. Cuantas familias marcadas por estas leyes para trabajadores como la separación padres e hijos 


El hombre que en su patria tiene un trabajo estable y un modo de vida humano no emigra. Emigra el “ parado “ y cuando estos son millones se evita de momento una explosión social. 
La situación en España en los 70 era drástica por culpa de la dictadura que vivíamos. En los pueblos no había trabajo y las personas tuvieron que emigrar a otras ciudades. Mientras, en los países Europeos demandaba mano de obra barata 


Quisiera narrar algunas vivencias que marcaron mi vida.

Nací en Monleras, en 1945 y me case en 1965. Tuvimos 1 hijo. A los 4 años de casados el trabajo era escaso y como estábamos pasando por duros momentos tuvimos que emigrar a Suiza pensando que en un año la situación podría arreglarse.

CONTRATO
Tuvimos la suerte de que el Ministerio de trabajo nos facilitó un contrato de temporero en Suiza para mi marido,  en el sector de la construcción, con lo que en un primer momento se marchó sólo él. Dos meses después me encontró trabajo para mí en una fabrica del sector textil (Birmanshof Konfecktion ) y pude emigrar yo también.

Lo mas duro de todo fue separarnos de nuestro hijo de 2 años ya que las leyes para temporeros no permitían llevar a la familia  (lo pone en el contrato), así que lo dejamos con los abuelos.

Así empezaba la aventura. Aún recuerdo aquel viaje en un tren repleto que cogíamos en Hendaya, donde la aglomeración era masiva. Ni sitio para poner la maleta había, sufrías empujones para poder entrar en el tren y hasta se entraba por la ventana para poder tener un asiento. Después de casi 20 horas de viaje llegabas a la aduana donde te hacían un reconocimiento medico. Pasabas por rayos X y si estabas enfermo no te dejaban entrar. En la aduana te requisaban los chorizos que llevábamos del pueblo por miedo a la peste porcina (eso decían).
Contrato de Tina con el que emigró a Suiza

PERMISO DE RESIDENCIA -- A -- B -- C--

Una vez allí, ya te daban el permiso de residencia. Estos permisos dependía del cantón, que eran como las provincias en España y era como tu carné de identidad. En el ayuntamiento la policía de extranjeros te retenía el pasaporte cuando te daban el permiso de residencia. Había tres tipos de permiso de residencia: 

Permiso -A- Era el permiso de temporero y su máxima duración era de 9 meses con lo cual marchábamos en Marzo a Suiza y regresábamos en Noviembre. Estuvimos así 4 temporadas, es decir, 36 meses. Después ya pudimos solicitar el permiso - B -

Permiso -B- Este permiso es anual. Se podía solicitar a partir de 15 meses de estancia en Suiza, siempre que tuvieras trabajo y alojamiento amplio y ya te permitía  traer a la familia.

Permiso -C- Residente.Un trabajador llega a ser residente después de haber residido en Suiza 10 años. El trabajador con permiso -C- tiene los mismos derechos que los trabajadores suizos, menos los derechos políticos 
No fue nada fácil llegar a esta situación y reagrupar a nuestro hijo. Pero una vez que lo conseguimos, los problemas no acabaron. Él tenia 10 años y podéis imaginaros, sin saber el idioma alemán, tenia que escolarizarse pero no entendía nada, con lo que la adaptación no era fácil. Nosotros queríamos lo mejor para nuestro hijo y que su futuro fuera mejor que el nuestro, darle una educación, una profesión y nos vimos obligados  a mandarlo interno a un colegio de pago.

 
Permiso de residencia tipo C
TRABAJO

Yo trabajé para varias firmas, siempre en el sector textil. Primero estuve 15 años en la sastrería de una tienda muy importante de trajes de caballeros de marca y también hacíamos los uniformes de la guardia del Vaticano, que son Suizos. Se llamaba Herrenmode G Maurer. 

Todo estos años los aproveche para estudiar diseño de moda,  primero en la escuela Suiza y luego en Español 

Acabé poniéndome por mi cuenta una tienda, dando clases, haciendo arreglos para otras tiendas, siempre en el sector textil 
 
Tina en Suiza, con sus compañeros de trabajo de la empresa Maurer
Fueron 25 años muy intensos, con muchas actividades laborales y culturales que nos enriquecieron mucho como personas. En Suiza formamos asociaciones de padres de familia para defender nuestros derechos como emigrantes. También una asociación de comunidad española donde teníamos un restaurante y nos reuníamos sábados y domingos para solucionar asuntos sociales, consulares, agregadurías, laborales, deporte, etc.   También teníamos convenios con agencias de viajes. Yo colaboré con Halcón Viajes, con quienes organizábamos excursiones y los viajes a España, ya que ya no viajábamos en tren sino en avión.

Regresamos a España en el año 1992, dejando de nuevo allí a nuestro hijo esta vez de mutuo acuerdo.


CASUALIDAD

Me parece increíble lo que estamos viviendo ahora en España en el 2013 con casi 6 millones de parados por culpa de una crisis económica. Esto hace que hoy también se den las condiciones para volver a  emigrar.

Los motivos que cada uno ha tenido para emigrar no se dan por casualidad. Responde a algo mas amplio como la economía de un país que hace que las personas sin trabajo se sientan inseguras, piensen en como dar de comer a sus hijos, como tener un techo, y por ello se ven obligados a emigrar, y lo más duro de la emigración es tener que separarse de sus familias.
Justina Marcos